Homo Sapiens S6

Los homo sapiens sapiens podemos llegar a alcanzar límites inimaginables, nuestra evolución cabalga a toda prisa, hemos descubierto cómo se originó el mundo –aunque existan opiniones de lo más variopintas- y conquistado el espacio exterior. Hemos llegado hasta nuestros orígenes más primarios, inventamos la escritura, los libros, ¡la política!, la ciencia, la luz, el coche, el tren, el avión –comodidades que hicieron de las distancias un recuerdo y que abrieron vías de comunicación. Sí, facilitaron nuestro contacto con otras culturas y formas de entender el mundo-. Las nuevas tecnologías continuaron estrechando las distancias tanto que los satélites nos transmiten mensajes de cualquier parte del mundo en un momento. Todavía me sigo planteando cómo es posible estar viendo en directo una entrevista que se está grabando en las antípodas del mundo, aún siento como increíble que alguien me mande un mensaje desde otro continente a miles de kilómetros y la recepción sea inmediata. Por último, Internet, la ventana al mundo que ha dado un vuelco a la actualidad. Abre horizontes extraordinarios, ilimitados, aunque al mismo tiempo envenena la seguridad de los ingenuos y proporciona anonimato o falsas identidades a monstruos que en la realidad de andar por casa no tendrían posibilidades de cometer sus infamias, al menos con tanta facilidad; sin embargo, el limbo de la otra realidad, de esa realidad virtual les permite disfrazarse y conseguir sus deseos más perversos. De todas formas, no quería hablar de Internet sino del móvil. Estamos en la era de los smartphones, teléfonos tan inteligentes que ya no es necesario saber todo lo que la historia nos enseña porque lo podemos consultar a golpe de Google o Wikipedia. Desde que los convirtieron en smarts, vivimos pendientes de los pitidos que emiten, controlados por cacharros tecnológicos que condicionan nuestra vida. Las últimas noticias informaban de que miramos el móvil más de 150 veces al día –yo debo ser muy raro porque le presto muy poca atención; seguramente, la gente pensará que soy un antisocial virtual, pero bueno-. Como dijo Manuel Vicent, nuestro cerebro físico se ha visto superado por ese nuevo cerebro tecnológico. La gente está enganchada a su último celular. Ahora Quevedo podría decir: Érase una vez un hombre a un móvil pegado. Este era el motivo del artículo, la última evolución del ser humano: el homo sapiens S6.

Hoy he leído un artículo que planteaba ese problema. De hecho, el diccionario de Oxford ya ha creado una palabra: phubbing que significa dejar de relacionarse físicamente porque lo hacemos a través de nuestro móvil. El fotógrafo Erik Pikersgill ha demostrado la actual estupidez que mostramos diariamente, lo ha hecho con su exposición Removed en la que nos vemos retratados.

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Quizá observando nuestras costumbres las corrijamos porque, habremos evolucionado tecnológicamente, pero socialmente estamos andando hacia atrás como los cangrejos. Los inventos que nos acercaron ya no tienen tanto poder y ahora los móviles nos separan, nos distancian a pesar de que estemos sentados en el mismo sofá. Concluyo con una escena que vi hace poco tiempo y que se corresponde con las fotografías de Erik Pikersgill. Comiendo en un bar, me quedé estupefacto observando a una familia. Padre, madre e hijos no se miraban, no se hablaban, cada uno tenía pegado a sus manos el móvil, esa era la manera de comunicarse. Quizá estuviesen hablando por whatsapp entre ellos. ¡Qué gracia! Evolucionamos, sí, pero hacia dónde.

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